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viernes, 11 de septiembre de 2009

Hermano sol, hermana luna... ¡Hermano lobo! o la jardinería desde una perspectiva cristiana (parte III)


En esta tercera parte, trataré sobre la tendencia actual de atribuirle a cosas (minerales, cuerpos celestes [planetas, estrellas], muebles u objetos diversos) , animales y plantas, o a la disposición de estos elementos, efectos superiores a su inherente naturaleza material. Técnicamente, cuando a un objeto inanimado, o a plantas, o a animales, o a secuencias de actos o cosas, sin que haya una verdadera relación de causa y efecto, se le atribuyen consecuencias superiores a su propia esencia (física, química o biológica), incluidas las (consecuencias) de naturaleza moral, que son propias de las personas y derivan de su actuar libre, se habla de superstición. Como ya escribí en la parte II, a las supersticiones tradicionales, hoy día, se le han sumado las de carácter orientalista. Y a las prácticas supersticiosas tradicionales, además, se les ha "repotenciado" y dado una cobertura mediática sin precedentes. En tal sentido, las antiguas "taguaras" han sido sustituidas por llamativas tiendas en los grandes centros comerciales (mall), que ofrecen todos los objetos "mágicos" (incluidas plantas, y, sobretodo, minerales), talismanes, recetas, formularios, libros, entre otros, que los "maestros psíquicos" ya han publicitado previamente en la televisión.


La jardinería no ha escapado a esta ola de "magia express". Siempre se ha atribuido a las plantas efectos mágicos, esto no es nuevo; lo nuevo, es que hoy día, todo esto cuenta con una plataforma publicitaria y empresarial bastante agresiva. Desde esta plataforma, con o sin base, en las culturas china, japonesa, africana e indú, por ejemplo, se promueven actitudes y ritos complejos, recargados, en algunos casos -debido a la multitud de detalles- impracticables... Es allí cuando viene en auxilio del "creyente" una multitud de programas, revistas, cursos, entre otros, que, por lo general, tienen un costo, no siempe bajo. En el feng shui, por ejemplo, tenemos una multitud de combinaciones espaciales, en el área indú, toda una gama de mantras; en el ámbito de la "mineralogía", listas interminables de piedras. En muchos casos, todo esto se combina, muy hábilmente, con elementos de la cultura cristiana y de superstición criolla. De este modo, se crea una atmósfera aparentemente espiritual, en la que el individuo coloca, sus decisiones, su vida cotidiana, su propia existencia, llegando a una especie de pintoresca y enfermiza dependencia de una complicada "telaraña" de acciones y cosas.


Desde esta perspectiva, para un cristiano, qué valor tienen las realidades naturales, ¿acaso, los seres humanos, no formamos un "todo" cósmico con las demás criaturas que les rodean, y esta condición no tiene efectos reales en sus vidas? ¿Y no es legítimo, debido a este "todo" cósmico, practicar un culto a favor de aquella que nos brinda oxígeno, agua, alimentos, paisajes: La tierra? Estas preguntas serán respondidas en la próxima entrega de Hermano sol, hermana luna... ¡Hermano lobo! o la jardinería desde una perspectiva cristiana.
Venta de piedras "mágicas" en la tienda de un centro comercial

Sigue la secuencia de esta serie:



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sábado, 8 de agosto de 2009

Hermano sol, hermana luna... ¡Hermano lobo! o la jardinería desde una perspectiva cristiana (parte II)



En este primer artículo de agosto, continuamos con la serie Hermano sol, hermana luna... ¡Hermano lobo! o la jardinería desde una perspectiva cristiana. Antes de continuar, sin pretender despojar a este artículo de su carácter universal (puesto que está destinado a todo tipo de público), quiero, sin embargo, hacer una acotación: Está dirigido, de manera especial, a todos los lectores que se confiesan como católicos, como cristianos. La razón, es que cuando inicié esta serie, lo hice para esclarecer ciertos principios que, a mi entender, son muy importantes y, lamentablemente, no son tomados en cuenta, o se viven en medio de un sincretismo cada vez más marcado. Considero necesario, que los católicos, los cristianos (desde el siglo I, según testimonio de varios autores, católico y cristiano son dos términos que significan una misma realidad; por eso, se usaban indistintamente), miremos hacia nuestras raíces, para redescubrir verdades apasionantes y liberadoras.

En el área de la jardinería -que es lo que me ocupa- se ha impuesto, ya sea por esnobismo, o porque es una tendencia generalizada, o por una búsqueda de experiencias alternas a la propia fe revelada, o por gusto, o por superstición, o por el atractivo que, de unos años para acá, ejercen las prácticas con cierto carácter oriental en occidente (y escribo "cierto carácter oriental", porque, en definitiva, han sufrido una influencia mercantilista-occidental), un formato "mágico", espiritualista-materialista. Espiritualista-materialista, porque si bien se insiste en los efectos "espirituales" de ciertos ritos enmarcados en el ámbito de la jardinería, al final de cuentas, a estos mismos efectos, se les hace depender inexorablemente de la materia mineral o vegetal, o de la disposición de estas, sin que haya más razón que la voluntad humana. Es decir, no hay una causalidad basada en las propias leyes de la naturaleza (físicas, químicas y biológicas).

Hasta aquí la parte II.

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