sábado, 4 de febrero de 2012

Verde engañoso

Hoy día, muchos desean pasar por "verdes": Personalidades de los más diversos ámbitos (entre los que se cuentan muchos políticos y artistas), empresas de todo tipo y, cada vez más, los ciudadanos "comunes y corrientes". No hay espacio real y virtual en el que no haya organizaciones e iniciativas verdes. El mismo color verde se ha convertido en apasionada bandera de grupos y personas. Logotipos en verde o  diseñados en base a figuras o paisajes vegetales se han adueñado de incontables espacios. Ante tal explosión de "verde", uno podría figurarse que el respeto al ambiente y sus criaturas va viento en popa. Sin embargo, una vista más detenida de todas estás manifestaciones, nos mostrará una maraña de publicidad engañosa. Lo "verde" se ha convertido en una moda, o en una manera de captar beneficios económicos o políticos. Y en el sentido más material del asunto, no todo lo verde implica auténtica clorofila. Es como el nuevo campo de fútbol de un colegio vecino, al que se le quitó de un todo la grama natural añeja, para colocarle una formidable y brillante grama sintética. A primera vista, su verdor homogéneo te brinda una imagen de lo más campestre. Pero no es un campo, en el sentido botánico, sino un tapete que tiene por debajo una costra de piedra picada y asfalto. Posiblemente, para algunos, lo importante no es que el ambiente sea realmente verde (plantas), sino que se vea verde (cualquier cosa pintada de ese color). Es una manifestación más de ese artificialismo que domina al homo sapiens de los últimos tres siglos (XIX, XX y lo que va del XXI).

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3 comentarios:

María Cristina Pichel dijo...

Hacía mucho tiempo que no veía tu blog, me gusta mucho el diseño.

Abraham dijo...

¡Qué aberración! El otro día pasé por un centro comercial y habían sustituido las plantas del jardín exterior por esta cosa verde. Bueno leerte de nuevo.

Martha Ofelia Garcia dijo...

Saludos Argenis, ¡cuánto tiempo! Que cierto es esto y aplicable a todos los ambitos como dices, ves verde y te gusta, pero sólo es cuestión de acercarse a ver o rascar un poco lo de encima para que empiece a oler a plástico; muy buena reflexión, ¡ahora mismo la comparto!