lunes, 30 de noviembre de 2009

En deuda con la naturaleza

Mientras escribía este artículo, un pajarillo, que no he identificado, cantaba a "voz en cuello", mientras una tortolita comía con avidez, en un rústico comedero que he dispuesto para ello en el vivero.

Recuerdo, que en una ocasión, mientras compraba una bolsita de alpiste en el supermecado, un conocido me preguntó ¿que si era para los "de la casa"? (es decir, los enjaulados). Yo le respondí "que no, que era para los pájaros que se acercaban al vivero"; mi interlocutor, entonces, con cierto desdén, me dijo que eso era un gasto innecesario. Inmediatamente le respondí, que "estaba en deuda con la naturaleza, y que esa era parte de mi 'contribución'". Luego, le he dado vuelta a mi respuesta final y he considerado, que -tomando en cuenta todo lo que he "recibido" de ella- bien pobre es mi contribución. Una naturaleza, a la que gracias he podido desarrollar una profesión que me ha dado muchas satisfacciones y ha significado una mejoría en la renta familiar (especialmente, en estos tiempos de crisis).

Entiendo a la naturaleza como un bien en sí mismo, más aún, como una dádiva, pero sin absolutizarla, sin convertirla en un fin. Es como todo bien creado, un medio. Un medio que, aunque nos cueste aceptarlo, está al servicio de la especie humana. Sin embargo, el concepto de "naturaleza" encierra un grado más de complejidad: La "naturaleza", es el inconmensurable conjunto de vivientes y no vivientes que se relacionan de manera dinámica, conforme a fines propios y compartidos, de manera sorprendente y misteriosa en muchos casos. Es como un tapiz, en el que cada criatura aporta un color, una textura, luces o sombras. De allí la importancia de cada "actor", para que esa "obra" que llamamos naturaleza no se arruine. Desde esa perspectiva, los seres humanos tenemos la responsabilidad de respetar, cooperar y hacer uso de ella, sin romper con su delicado equilibrio. La naturaleza, o nuestro planeta, no son "dioses" a los que se le deba rendir adoración, pero sí son realidades a las que conviene respetar, incluso amar, porque en definitiva son regalos del Creador. Por eso, siempre estaré dispuesto a ayudar a la "madre naturaleza" y a las criaturillas que forman parte de ella. En cuanto a las aves que visitan mi vivero, me alegra y consuela grandemente que, en medio de tanto cemento y asfalto, no sólo consigan algo de verdor y color, sino también agua y comida en abundancia.
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3 comentarios:

maebotero dijo...

Sencillamente maravilloso!...el comedero de Aves y tu concepto sobre que estamos en deuda con la naturaleza....
yo personalmente le coloco comida a los pajaritos libres y les tengo un hermoso hotel ubicado en un maravilloso Bambu o Guafa.... conozco otras personas que tambien lo hacen y aun mas lepagan al concerje, cuando se van de viaje para que locontinue haciendo!!! Felicitaciones!

maebotero dijo...

como hacer un bebedero para aves?....nos puedes ayudar?

Argenis Ramos dijo...

Maebotero, intenté buscar tu e-mail en tus blogs, pero no conseguí ninguno. La verdad, no es tan difícil lo del bebedero. De hecho, en vista que las tortolitas armaban tal desorden en el comedero de la foto, rediseñé el comedero (lo empequeñecí) y convertí el anterior en bebedero. No es más que un recipiente de arcilla, sin un orificio en la base, sostenido por cuatro cuerdas. En breve, publicaré una entrada con este tema. De todos modos, si lo deseas, escríbeme a jardineriaeimagen@hotmail.com

Que estés bien.