martes, 11 de noviembre de 2008

Un Vivero Ecológico a Bajo Costo

Queridísimos amigos, en este artículo de noviembre, quiero cumplir con una promesa que ya tiene rato. Y es que desde julio estaba por colgar en la red las fotos de mi vivero (Vivero Artesanal, como suelo llamarle). La verdad, es muy modesto. Se trató de ocupar al máximo el espacio de una pequeña terraza. Mide 3, 58 mts. de largo y 1, 89 mts. de ancho. Por el lado sur tiene 2, 40 mts. de alto, y por el lado norte se levanta 2, 10 mts. Ocupa un área de 6,76 mts2.
Aparte de sus dimensiones y estructura nada impresionables, lo verdaderamente digno de resaltar es cómo se hizo. En este sentido, el Vivero Artesanal, fue construido con más de dos tercios de material de deshecho. Algunas de sus partes fueron, literalmente, rescatadas del basurero. Fuera de dos listones, la mayoría de los tornillos y tuercas, y la malla, todo lo demás era "basura". A continuación, tomando pie de cada foto describiremos el origen de sus partes.
¡Bienvenidos al Vivero Artesanal!

LA FACHADA

PANORÁMICA INTERIOR

PASILLO
COLUMNA CENTRAL
En su estructura basal intervienen diez columnas, nueve vigas y una columna central. Dieciocho de ellas son de hierro y dos de madera. De las veinte piezas de metal, doce las encontré en la calle como material de deshecho. Las seis restantes, pertenecían a dos estantes desarmados que estaban en casa sin tener ninguna utilidad. Los dos travesaños de madera fueron comprados junto con otros, en una maderera, como retazos, por eso salieron mucho más baratos.

EL TECHO
Aunque fue comprado en un vivero comercial, también tiene su historia. El vendedor, a petición mía, convino en no cobrarme unos centímetros de más, para poder llegar a la medida ideal. Es decir, me dio la "ñapa".

MESÓN MAYOR

MESÓN MAYOR (por debajo)


MESÓN MENOR


MESÓN MENOR (parte inferior)


Los mesones fueron diseñados para poder observar las plantas sin mayor dificultad y facilitar su ordenamiento. La parte inferior sirve como depósito y, sobretodo, para mantener a las plantas que necesitan de un mayor resguardo (por ahora está funcionando muy bien para consolidar los esquejes). Todos los paneles (diecinueve en total) derivan de los estantes desmantelados. Toda la madera utilizada para las patas y travesaños de los mesones proviene de paletas portuarias (también material de deshecho recuperado), que fueron desarmadas, cortadas a la medida y pintadas junto con el resto de las columnas y vigas del vivero.
Este vivero fue terminado justo para el cumpleaños de mi hija Anabella (20 de agosto). Para ese momento, las plantas fueron colocadas de manera aleatoria. Para esta fecha (11 de noviembre) ya la mayoría ha sido reubicada. Hay más cestas colgando y nos empieza a faltar espacio en los mesones.
Frente al vivero hay un pequeño espacio que está ocupado por pequeños árboles y arbustos. También está repleto, tanto que estamos pensando seriamente en buscar un espacio fuera del edificio (en algún terreno o patio casero) para tenerlos y darle más espacio a las plantas de interior.
La mayoría de las plantas del vivero pertenecen a mi colección privada, otras están destinadas a la venta*.
En cuanto a lo ecológico del vivero, está bien claro: No sólo le ahorramos a la naturaleza unos cuantos cacharros, sino que ahora, esos mismos cacharros, están al servicio de la naturaleza.
Pues bien, esta es, en breves líneas, la historia de mi Vivero Artesanal.
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*Pronto pondremos el listado de plantas para la venta en la página "Vivero Artesanal" (http://viveroartesanalencaracas.blogspot.com).
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sábado, 18 de octubre de 2008

La Herramienta de Jardinería

A un lector detallista, posiblemente le parezca erróneo el título, porque, en jardinería, no existe "la herramienta" como tal, sino un conjunto muy amplio de herramientas que se complementan unas con otras. Sin embargo, el título vale, y, ciertamente, hay una "herramienta", que es anterior a todas, y que, además, ha sido, a lo largo de toda la historia de la jardinería, la forjadora de incontables herramientas y ella misma ha sido herramienta: Ha cavado, ha arado, rastrillado, desmalezado y tantas cosas más.

Nuestras manos
Cuántas veces, como herramientas vivas y pacientes (que sienten), han tomado el lugar de la madera y el acero, para darle nueva vida a la huerta o al jardín. Mucho antes de aprender, que el uso de guantes no era una señal de debilidad o una extravagancia, nuestras manos sufrieron laceraciones, peladuras dolorosísimas, picaduras de insectos (los bachacos negros son expertos en atenazar y causar dolor con gran eficacia), cortes, golpes, machacaduras y rasgaduras, entre otros. Y, con todo haber aprendido la lección del uso de guantes, no siempre se pueden usar; sobretodo si el trabajo necesita de un agarre fino y efectivo (en mi caso, la eliminación de hierbas invasoras); y, entonces, siempre nuestras manos se exponen a alguna de estas lastimaduras.

Sin honores
Cuando empezaba a idear este tema, busqué en los archivos personales fotos de mis manos y ¡sólo conseguí ésta donde aparece la izquierda y nisiquiera completa! Generalmente, cuando tomo fotos, en las que tengo que sostener algo con ellas, trato que no salgan, para que no le resten atención a lo que procuro mostrar. Y, sin embargo, han sido ellas la que han preparado el terreno en el que cuajaron las flores y los frutos, las que han esquejado los tronquitos que luego retoñan (como es el caso de la tibouchina de la foto de arriba), han regado, limpiado, podado... y finalmente, ¡casi ni una foto de ellas! Por eso, quise dedicarle el número de octubre a estas incansables trabajadoras.

¿Y la derecha?
Ya para terminar, me acordé de esta otra foto que tomé hace algún tiempo en una zona montañosa, al oeste del Estado Vargas (Venezuela). Es una pequeña Carludovico palmata (jipijapa), que estaba entre las grandes peñas de una quebrada. Pero nuevamente es la mano izquierda. ¡Ja! La derecha siempre es la que toma la foto. Así, que su oficio va mucho más allá de los terrones del jardín. ¡Tomando fotografías también se "hace" jardinería. Gracias a Dios por nuestras manos.


Quiero compartirlo
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domingo, 21 de septiembre de 2008

En las Alturas

Mientras escribo y edito, no puedo dejar de ver, en la televisión, "El Señor de Los Anillos", en su capítulo "Las Dos Torres". No dejo de ir y venir, con el pensamiento, una y otra vez, al Medioevo, cada vez más rehabilitado (si es que alguna vez hubo que rehabilitarlo), después de tantos "dimes y diretes" sin base histórica. Lo cierto, es que fue una era de valentía y altos ideales y, a pesar de las miserias humanas, que nunca dejarán de hacerse presente, en la historia de hombres y mujeres, la verdad, es que fue una era de gloria. Gloria de Dios y de no pocos hombres y mujeres... Pero sigamos de vuelta con la edición de esta página: "En las Alturas" (me refiero al tercer piso donde vivimos) no es fácil mantener un jardín y menos un vivero. Tampoco, hay árboles en los alrededores cercanos. No sé por qué, pero por donde vivo, en casi la totalidad de las calles, no hay árboles. Esto hace que el ambiente sea muy hostil. De manera, que aunque llueva a cántaros todo un día, si al día siguiente amanece despejado, todo se seca. Y, si son dos días de sol brillante, entonces todo se reseca terriblemente. No hay nada que detenga este calor tan abrasador... O casi nada. Porque desde que llegamos con nuestra carga de plantas, no hemos hecho más que luchar contra esta característica del medio, por demás artificial, en el que vivimos. Desde una barrera de pliegos de malla, hemos levantado, hasta lo que hoy es la estructura del vivero.





Retazos de selva tropical

A pesar de este ambiente nada ventajoso, en las alturas del "Isabel" (así se llama nuestro edificio), ha cuajado un "trozo" de la selva tropical. Para muestra, nuestra pequeñísima colección de bromelias. Lo de "colección de bromelias" es una broma, puesto que sólo tenemos dos tipos de ellas. Dos (de una variedad) vinieron con nosotros, cuando nos mudamos, y ahora son cinco (en estos tres años nacieron y maduraron tres retoños). Estas bromelias estaban a pleno sol y, aún así, perseveraron. Hace poco, separé a las cinco. Coloqué a tres en macetas y dos en soportes, y ahora están a la sombra. Se ven bastante bien. Al otro ejemplar de bromelia (confieso mi pecado), la tomé de la montaña, en mi última excursión al Ávila, camino a "Los Venados". La verdad, es que estaba a la mano, en el tronco de un pino, y no pude rechazar la tentación. Esta última se ha adaptado de maravilla, puesto que ha crecido el doble desde que llegó a su nueva casa. No es el tipo de bromelia por la que te cobran una pequeña fortuna en los viveros comerciales, pero tiene su encanto. Esta y una de las cinco, yacen en un tronco (que habían deshechado de un vivero), que sirve, a su vez, de apoyo a una trepadora.
De todos modos la pelea por "las condiciones óptimas" no termina, pero, por ahora, hemos hecho importantes avances por convertir un tercer piso con sol inclemente, en un retacito de bosque tropical.
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Fotos
En la primera foto está la avileña y una de las tres que nacieron y crecieron bajo el sol intenso de este lado de Caracas. La segunda foto muestra el ambiente urbano en el que viven nuestras epífitas. La bromelia de esta foto, fue retirada de ese sitio (porque el sol se cuela como le place) y ahora está sembrada en una maceta, a la sombra.



Nota: Queridísimos lectores, si tienen tiempo y disposición, les animo a escribir un comentario, aunque sea breve. Que estén bien.


Argenis Ramos.

miércoles, 6 de agosto de 2008

La Flor en el Concreto


En realidad, la flor de este capacho silvestre (y el capacho mismo) no está exactamente "en el concreto", sino en una jardinera justo al frente de esa rampa. El conjunto pertenece al Dispensario "San Alfonso María de Ligorio", en el Paraíso. Allí, hace más de un año, comenzó mi "carrera" de jardinero paisajista. Pero volviendo al tema; esta canna indica (caña de la india, así se le denomina científicamente) silvestre, abundantísima en nuestra cordillera de la costa, también ha colonizado, por su cuenta, las espaciadas y fracturadas áreas verdes de nuestra gran ciudad de concreto y asfalto. Su flor no es tan grande como la de su pariente, la canna asiática (también bastante extendida en los jardines y en los campos de nuestro país) pero no por ello deja de tener su particular encanto. Pero volvamos a lo de "la flor en el concreto". Sí, una flor en (porque a veces las plantas se aprovechan de las grietas del concreto para radicarse), por encima, o al lado del concreto, siempre es un símbolo de esperanza... o de revancha. La revancha de la naturaleza, o de los vivientes, frente al progreso de lo artificial. Habrá quien piense, que no es más que una imagen que significa a la naturaleza oprimida u obligada a una adaptación sin más sentido que el capricho humano; sin embargo, es importante distinguir esa intervención humana -nos guste o no- como parte de la vida misma de este planeta. Considero, que a pesar de los pesares, la vida tiene insospechados recursos para adaptarse, sobrevivir y vencer. En tal sentido, en estos años he aprendido, que la jardinería -de cara a la vida silvestre- es una valiosa inversión y, en buena parte, es lo que mantiene ese tenue hilo de unión del hombre con la naturaleza. En otros artículos ahondaremos sobre este tema.

Argenis Ramos, jardinero paisajista


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